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Sangre y Cocaina
Area: Chihuahua | Fecha: 2012-03-11| Por: Ernesto Salayandia

 

La semana pasada fue difícil para mi salud,  tuve mucho dolor de tabique, resequedad, sangrados constantes e incontrolables, acumulaba una 
gran cantidad de mucosidad, tapones secos que junto con la resequedad de mi garganta, paladar  y lengua, me impiden respirar con libertad. 
Registré una dolorosa sensación de ardor en  todo el sistema, me liberaba de la resequedad, de   la mucosidad pegada en el tabique con gran dificultad, tenía ardor, dolor de cabeza, cuerpo débil  y malestar, mucho malestar corporal y nasal.
 
Sangré mucho durante casi una semana, apenas terminaba de hacer la limpieza de las fosas  nasales, cuando el chorro de sangre se venía incontrolable.
Los trastornos de ansiedad, te hunden en la  compulsión
 
En mi actividad, muchas noches manchaba el  piso de sangre, las sábanas y la alfombra, sangraba con gran facilidad, me lastimaba continuamente las fosas nasales para descongestionarlas  y poder dejarlas en libertad para inhalar con más  profundidad, cada jalón de cocaína, entraba por  mi nariz impactando de inmediato a mi cerebro,  pero entre jalón y jalón el daño fue muy duro y el  impacto al cerebro, más.
 
Las consecuencias son irreversibles y muy  drásticas una madrugada después del alto consumo con  cocaína, después de haberme echado la botella  de vodka, de mis arponazos con morfina, y de mi  buena dosis de pastillas antidepresivas, después  de no poder respirar e intentar descongestionarme con vicks vaporrub y nada, con vaselina y nada, con gotas para los ojos, gotas para la nariz y  nada, después de haberme maltratado metiéndome tapones de papel y trapos para descongestionar, nada fue posible.
 
Drogado, cansado, mi cuerpo como muchas  otras veces más caigo boca abajo en la cama, ahí  puedes ver esa foto, de esa recámara, los ceniceros hasta el tope de colillas de cigarros y cenizas, los vasos medio llenos, medio vacíos, ropa  sucia por todos lados, zapatos, pantuflas, las fundas apestosas y sucias, yo las usaba para sonarme cuando la pereza me dominaba y el moquillo  me ganaba, propiamente era un campo de batalla, mi maldita enfermedad contra el orden y la 
limpieza. 
 
Mi mente enferma y obsesionada, con mi celotipia patológica e infernal, deprimido, muerto  en vida, atrapado sin salida, la cocaína era mi todo, mi amiga, mi esposa, mi amante, era mi vida, me drogaba para vivir y vivía para drogarme  y así me fue, me volví loco. ¡No Dios, no quiero  morir, Dios no quiero morir!
Esa noche, como muchas otras, caí muy agotado, de repente tengo una amarga pesadilla, veo  en un túnel luminoso dos caras mías, acercándose una a una rápidamente, una sensación como si  mis dos rostros chocaran uno al otro, muy rápido, muy intenso, de repente, puff, se va la luz, registro en ese instante la oscuridad absoluta y ligado  a ello, el silencio completo, nada de ruido, el silencio total y me doy cuenta de que estoy muerto, muerto en ese instante y le grito a Dios, muy  desesperado: ¡no Dios, no quiero morir, Dios no  quiero morir! Me levanto sudando, asustando,  temblando, me voy al baño, veo mi rostro triste, seco, inexpresivo, ojeroso, sucio, mi mirada  cabizbaja, al verme a detalle lloro de decepción,  lloro al verme flaquísimo, amarillento -llegué a  pesar menos de 50 kilos- estoy tembloroso, lloro  por estar viviendo esa maldita adicción y por el  sufrimiento que tenía.
 
Cualquier adicción es sumamente cruel y progresiva  Me echo agua en la cara, me meto agua a mis  fosas nasales, soplo, me sueno y salen los taponcitos enormes con la porquería con mucosidad  seca y húmeda, de inmediato comienzo a sangrar, me pongo un tapón de papel higiénico, dejo que la sangre se detenga y poco después, como  si el paro respiratorio no haya sido un fondo suficiente, busco un pase de cocaína, me lo chuto de  un solo jalón, ligado a ello, me inyecto tres miligramos de morfina, prendo un cigarro y cómodamente, como si nada hubiera pasado me siento  en la tasa del escusado a fumar plácidamente. Yo 
quería parar, pero no sabía cómo parar y dejar de  consumir. Mi nivel de ansiedad era muy alto, entre más consumía más quería, el cigarro fue un  detonador impresionante de mi adicción.
 
Llegué a pesar menos de 50 kilos Tengo que acordarme que la droga provocaba  en mí delirios de persecución, sentía pasitos en la  azotea, escuchaba voces, veía personas, sentí la  presencia de supuestos asesinos que me querían  matar y que caminaban dentro de los ductos de  los aires acondicionados en el techo, vi muchas  veces un rayo rojo, luminoso que daba vueltas a  gran velocidad alrededor de mi cama, sentí sensaciones extrañas: miedos, pesadillas, delirios, 
paranoia. Llegué a pensar seriamente que estaba embrujado. Escuchaba grabaciones con voces  distorsionadas, similares a los audios de las pelí- culas de terror.
 
Un cocainómano es esclavo de sus obsesiones  Me fui por la puerta falsa, la cocaína es una  trampa, el placer dura muy poco, el dolor es muy  intenso, el palpitar del corazón súper acelerado,  me tornaba demasiado nervioso, demasiado miedoso.  Dañé severam ente mi cuerpo y ahora sufro 
las consecuencias, los daños son irreversibles y  la desintoxicación sumamente lenta, se requieren  más de 25 años para limpiar tu cuerpo.
 
La cocaína me quitaba el hambre no comía  y lo poco que comía no lo disfrutaba, tampoco  dormía debido a los efectos de la droga y a los  pensamientos obsesivos; te genera alucinaciones,  delirios, paranoia y mucho ruido en la mente, te  genera una tormenta de pensamientos, uno tras  de otro. De locos.
La coca era mi amiga, mi esposa, mi amante, mi todo Abandoné a mi familia por la droga, les di la  espalda a mis hijos, siempre estuve ausente de 
sus eventos, no estuve en sus fiestas infantiles,  no fui a los eventos importantes de sus escuelas,  no conocí a sus amigos; mi vida fue distante a la 
de ellos y cuando convivíamos me la pasaba cada  20 minutos en el baño; tengo que acordarme que  un día los dejé solitos a mis dos hijos en el brinca brinca de Wall-Mart por más de media hora,  me fui a la casa del pucher por unos pases de polvo, cuando regresé los vi jugando felizmente yo  me escondí en el carro, en el estacionamiento, a  inhalar una y otra vez a plena luz del día en un  sábado  familiar; preferí drogarme que disfrutar  de mis hijos.
 
Borrachera seca, lo más común en AA. En Alcohólicos Anónimos yo seguía deprimido, vivía  sin luz, sin libertad, deprimido y triste, erradiqué también mi codependencia, yo vivía al son  que mi mujer tocara, si ella se despertaba de mal  humor, mi día era pésimo, si ella se despertaba  alegre, me hacía el día, yo vivía al son que ella  quería, hoy no, mi dignidad me da la libertad de  elegir, perdí en mi recuperación mis malos actos, juicios y actitudes de deshonestidad, el ser 
engañifa, mentiroso, falso, comencé a ser puntual, a respetar el tiempo de los demás, mi comunicación conmigo mismo ha ido en ascenso, no 
sólo ha sido luchar contra el alcohol y las sustancias, ha sido mucho más que eso, por ejemplo, en  mi comunicación y convivencia con mis 6 hijos 
he mejorado considerablemente, con mi mujer es  como nunca, por demás excelente y en estos casi 13 años de haber nacido, de volver a empezar, 
de estar limpio, en mi recuperación he avanzado, pero aún me falta mucho por trabajar, le puse acción, tengo que reconocer que padezco de 
orden, del ahorro, de una buena administración, sigo de maní rota, necesito organizar mis días,  mis tiempos y mi vida;  debo hacer ejercicio, luchar contra las grasas, las harinas, el azúcar y la  sal, buscar calidad y calidez de vida en todos los  sentidos.
 
Hay que tocar fondos para derrotarse ante la adicción Drogado, con una enorme ansiedad, dejaba a  mis dos pequeños en el brinca brinca de WallMart y me iba a casa de pucher o diler, a comprar  mi dosis de cocaína, regresaba y me quedaba horas enteras en el carro inhalando sustancia  mientras ellos llenos de ternura e inocentes me saludaban con sus manitas, sin pena ni gloria yo  respondía anestesiado, muerto en vida
 
Doy testimonio de que cualquiera que quiera, hí no se queda. A tus órdenes 01 800 6 85 75 48  lada sin costo.
ernestosalayandia@gmail.com
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Mexico News Networks, Año 6
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