La semana pasada fue difícil para mi salud, tuve mucho dolor de tabique, resequedad, sangrados constantes e incontrolables, acumulaba una
gran cantidad de mucosidad, tapones secos que junto con la resequedad de mi garganta, paladar y lengua, me impiden respirar con libertad.
Registré una dolorosa sensación de ardor en todo el sistema, me liberaba de la resequedad, de la mucosidad pegada en el tabique con gran dificultad, tenía ardor, dolor de cabeza, cuerpo débil y malestar, mucho malestar corporal y nasal.
Sangré mucho durante casi una semana, apenas terminaba de hacer la limpieza de las fosas nasales, cuando el chorro de sangre se venía incontrolable.
Los trastornos de ansiedad, te hunden en la compulsión
En mi actividad, muchas noches manchaba el piso de sangre, las sábanas y la alfombra, sangraba con gran facilidad, me lastimaba continuamente las fosas nasales para descongestionarlas y poder dejarlas en libertad para inhalar con más profundidad, cada jalón de cocaína, entraba por mi nariz impactando de inmediato a mi cerebro, pero entre jalón y jalón el daño fue muy duro y el impacto al cerebro, más.
Las consecuencias son irreversibles y muy drásticas una madrugada después del alto consumo con cocaína, después de haberme echado la botella de vodka, de mis arponazos con morfina, y de mi buena dosis de pastillas antidepresivas, después de no poder respirar e intentar descongestionarme con vicks vaporrub y nada, con vaselina y nada, con gotas para los ojos, gotas para la nariz y nada, después de haberme maltratado metiéndome tapones de papel y trapos para descongestionar, nada fue posible.
Drogado, cansado, mi cuerpo como muchas otras veces más caigo boca abajo en la cama, ahí puedes ver esa foto, de esa recámara, los ceniceros hasta el tope de colillas de cigarros y cenizas, los vasos medio llenos, medio vacíos, ropa sucia por todos lados, zapatos, pantuflas, las fundas apestosas y sucias, yo las usaba para sonarme cuando la pereza me dominaba y el moquillo me ganaba, propiamente era un campo de batalla, mi maldita enfermedad contra el orden y la
limpieza.
Mi mente enferma y obsesionada, con mi celotipia patológica e infernal, deprimido, muerto en vida, atrapado sin salida, la cocaína era mi todo, mi amiga, mi esposa, mi amante, era mi vida, me drogaba para vivir y vivía para drogarme y así me fue, me volví loco. ¡No Dios, no quiero morir, Dios no quiero morir!
Esa noche, como muchas otras, caí muy agotado, de repente tengo una amarga pesadilla, veo en un túnel luminoso dos caras mías, acercándose una a una rápidamente, una sensación como si mis dos rostros chocaran uno al otro, muy rápido, muy intenso, de repente, puff, se va la luz, registro en ese instante la oscuridad absoluta y ligado a ello, el silencio completo, nada de ruido, el silencio total y me doy cuenta de que estoy muerto, muerto en ese instante y le grito a Dios, muy desesperado: ¡no Dios, no quiero morir, Dios no quiero morir! Me levanto sudando, asustando, temblando, me voy al baño, veo mi rostro triste, seco, inexpresivo, ojeroso, sucio, mi mirada cabizbaja, al verme a detalle lloro de decepción, lloro al verme flaquísimo, amarillento -llegué a pesar menos de 50 kilos- estoy tembloroso, lloro por estar viviendo esa maldita adicción y por el sufrimiento que tenía.
Cualquier adicción es sumamente cruel y progresiva Me echo agua en la cara, me meto agua a mis fosas nasales, soplo, me sueno y salen los taponcitos enormes con la porquería con mucosidad seca y húmeda, de inmediato comienzo a sangrar, me pongo un tapón de papel higiénico, dejo que la sangre se detenga y poco después, como si el paro respiratorio no haya sido un fondo suficiente, busco un pase de cocaína, me lo chuto de un solo jalón, ligado a ello, me inyecto tres miligramos de morfina, prendo un cigarro y cómodamente, como si nada hubiera pasado me siento en la tasa del escusado a fumar plácidamente. Yo
quería parar, pero no sabía cómo parar y dejar de consumir. Mi nivel de ansiedad era muy alto, entre más consumía más quería, el cigarro fue un detonador impresionante de mi adicción.
Llegué a pesar menos de 50 kilos Tengo que acordarme que la droga provocaba en mí delirios de persecución, sentía pasitos en la azotea, escuchaba voces, veía personas, sentí la presencia de supuestos asesinos que me querían matar y que caminaban dentro de los ductos de los aires acondicionados en el techo, vi muchas veces un rayo rojo, luminoso que daba vueltas a gran velocidad alrededor de mi cama, sentí sensaciones extrañas: miedos, pesadillas, delirios,
paranoia. Llegué a pensar seriamente que estaba embrujado. Escuchaba grabaciones con voces distorsionadas, similares a los audios de las pelí- culas de terror.
Un cocainómano es esclavo de sus obsesiones Me fui por la puerta falsa, la cocaína es una trampa, el placer dura muy poco, el dolor es muy intenso, el palpitar del corazón súper acelerado, me tornaba demasiado nervioso, demasiado miedoso. Dañé severam ente mi cuerpo y ahora sufro
las consecuencias, los daños son irreversibles y la desintoxicación sumamente lenta, se requieren más de 25 años para limpiar tu cuerpo.
La cocaína me quitaba el hambre no comía y lo poco que comía no lo disfrutaba, tampoco dormía debido a los efectos de la droga y a los pensamientos obsesivos; te genera alucinaciones, delirios, paranoia y mucho ruido en la mente, te genera una tormenta de pensamientos, uno tras de otro. De locos.
La coca era mi amiga, mi esposa, mi amante, mi todo Abandoné a mi familia por la droga, les di la espalda a mis hijos, siempre estuve ausente de
sus eventos, no estuve en sus fiestas infantiles, no fui a los eventos importantes de sus escuelas, no conocí a sus amigos; mi vida fue distante a la
de ellos y cuando convivíamos me la pasaba cada 20 minutos en el baño; tengo que acordarme que un día los dejé solitos a mis dos hijos en el brinca brinca de Wall-Mart por más de media hora, me fui a la casa del pucher por unos pases de polvo, cuando regresé los vi jugando felizmente yo me escondí en el carro, en el estacionamiento, a inhalar una y otra vez a plena luz del día en un sábado familiar; preferí drogarme que disfrutar de mis hijos.
Borrachera seca, lo más común en AA. En Alcohólicos Anónimos yo seguía deprimido, vivía sin luz, sin libertad, deprimido y triste, erradiqué también mi codependencia, yo vivía al son que mi mujer tocara, si ella se despertaba de mal humor, mi día era pésimo, si ella se despertaba alegre, me hacía el día, yo vivía al son que ella quería, hoy no, mi dignidad me da la libertad de elegir, perdí en mi recuperación mis malos actos, juicios y actitudes de deshonestidad, el ser
engañifa, mentiroso, falso, comencé a ser puntual, a respetar el tiempo de los demás, mi comunicación conmigo mismo ha ido en ascenso, no
sólo ha sido luchar contra el alcohol y las sustancias, ha sido mucho más que eso, por ejemplo, en mi comunicación y convivencia con mis 6 hijos
he mejorado considerablemente, con mi mujer es como nunca, por demás excelente y en estos casi 13 años de haber nacido, de volver a empezar,
de estar limpio, en mi recuperación he avanzado, pero aún me falta mucho por trabajar, le puse acción, tengo que reconocer que padezco de
orden, del ahorro, de una buena administración, sigo de maní rota, necesito organizar mis días, mis tiempos y mi vida; debo hacer ejercicio, luchar contra las grasas, las harinas, el azúcar y la sal, buscar calidad y calidez de vida en todos los sentidos.
Hay que tocar fondos para derrotarse ante la adicción Drogado, con una enorme ansiedad, dejaba a mis dos pequeños en el brinca brinca de WallMart y me iba a casa de pucher o diler, a comprar mi dosis de cocaína, regresaba y me quedaba horas enteras en el carro inhalando sustancia mientras ellos llenos de ternura e inocentes me saludaban con sus manitas, sin pena ni gloria yo respondía anestesiado, muerto en vida
Doy testimonio de que cualquiera que quiera, hí no se queda. A tus órdenes 01 800 6 85 75 48 lada sin costo.
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