En repetidas ocasiones hemos señalado que lo que vive nuestra ciudad, en cuanto a la violencia y la inseguridad, no es en absoluto normal y hay una serie de efectos que resultan de esa situación de anormalidad. En el Quinto Congreso Nacional de Educación, se ha señalado que la deserción escolar en los diferentes niveles educativos sigue en aumento en nuestra ciudad, y se encuentra por encima de los porcentajes nacionales en cada uno de los niveles, de modo que en nuestro estado estamos ante particularidades que están abonando al aumento de este índice negativo para la educación. De acuerdo con lo que han señalado los propios participantes de este congreso, es la violencia e inseguridad, la inestabilidad social y la crisis económica la serie de cuestiones que están propiciando que los educandos abandonen los salones de clases.
Hay muchas familias juarenses que están yéndose de la ciudad en los últimos años, muchas también que están llevando a sus hijos a instituciones educativas fuera de nuestras fronteras, y peor aun, hay muchas familias que ante la desgracia que han vivido, al enfrentar secuestros, asesinatos, pérdidas de sus negocios, etc. Se han visto en la penosa necesidad de dejar de llevar a sus hijos a la escuela. Al menos en educación básica, se habla de un 30% de deserción en los últimos años, lo cual es un porcentaje sumamente alto para cualquier zona urbana del país. Este efecto, que podríamos calificar de colateral en la lucha contra el crimen organizado, pone en riesgo directo el desarrollo de un futuro claro para nuestra sociedad.
La vida de los niños y jóvenes que han dejado la escuela en los últimos años en nuestra ciudad se ha visto permanentemente afectada, pues de haber perdido el ciclo escolar completo, serán muy pocos los que logren retomar el ritmo de su formación más adelante, no solamente por lo que implica a nivel económico y de esfuerzo familiar el poder hacerlo, sino también por el impacto pedagógico que ello implica, hay razones fundadas para que la educación, sobre todo en los niveles básicos, esté diseñada sobre un esquema de continuidad, año tras año, pues una vez que se sale de la dinámica del proceso de enseñanza aprendizaje, es más complejo para los individuos que se adapten a las exigencias del sistema educativo.
Es importante entender, en este sentido, que el impacto a nivel educativo es un impacto tangible en este momento, pero que tendrá fuertes efectos en el largo plazo, es decir, los años críticos que venimos enfrentado los juarenses, aun cuando las problemáticas sean abatidas en lo mediato, estaremos viviendo sus nocivos efectos en generaciones completas de estudiantes que se vieron afectados por el flagelo de la violencia y la inseguridad. Desde el momento en que las escuelas se convirtieron en posibles blancos de los criminales, desde que se comenzaron a secuestrar y pedir cuotas de “protección” a maestros y directores, muchas de las familias juarenses comenzaron a tomar la decisión de cambiar a sus hijos de escuelas, en los mejores de los casos, o a sacarlos definitivamente en los peores; o definitivamente, como está documentado por el abandono de vivienda masivo que hay en ciertas zonas de la ciudad, a dejar por completo su vida en esta ciudad.
Es por estas cifras, de abandono escolar, que debemos considerar, como se ha puesto en múltiples ocasiones sobre la mesa de discusión, crear políticas de saneamiento, de reparación, por decirlo de alguna manera de estas generaciones que hemos vivido esta que, sin duda, es una de las etapas más cruentas de la historia de esta frontera. Para recuperar la normalidad, tenemos que observar con detenimiento los efectos nocivos que tenemos que reparar, ser conscientes de todo lo que hemos perdido en este tiempo y encontrar las propuestas concretas para reparar esos daños. En términos del sistema educativo, de la formación de nuestros jóvenes, tenemos que analizar y preparar un proyecto concreto de revisión de lo que estos años han causado a nuestros niños y jóvenes. En principio, habría que crear un padrón de deserción y dar seguimiento a los casos particulares de los estudiantes que han abandonado las escuelas y sus familias, para saber cómo es posible apoyarlos a que vuelvan a la escuela, luego, apoyar a estas generaciones con programas de reinserción y apoyo psicológico, terapias grupales y demás recursos de análisis psicológico que nos apoyen en la recuperación de la convivencia social. Es una ardua tarea la de la recuperación y la reconstrucción; pero lo peor que podemos hacer es dejar al tiempo sus nocivos efectos. Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es elfuegovioleta@gmail.com para sus comentarios. Gracias.