Aunque este es un escenario que por muchos lados había sido ya previsto, lo cierto es que tengamos en el arranque de las precampañas a dos partidos ya con sus candidatos definidos, por haber apostado finalmente por candidaturas de unidad nos pone ante la situación de que para dos de los tres principales partidos contendientes en la sucesión presidencial, el periodo de campaña se “alargará” por decirlo de alguna manera, pues sus precandidatos son en realidad ya candidatos, y este tiempo de precampaña lo están usando no para promocionarse al interior de sus propios partidos, sino ya de cara a la ciudadanía.
Obvio decir que, en primera instancia, parecería que quien más pierde es el partido que no va con candidato de unidad, pues no tiene este periodo extra que los otros dos estarán explotando; pero en una segunda lectura también podemos pensar que el que los candidatos de unidad se sobre expongan desde este momento, los lleva también a dar mayor pie a desgaste y a ser blanco de ataques de todo tipo, como es el caso del multivapuleado Enrique Peña Nieto, que parece que tiene que cuidar sus pasos cada vez más para no ser interceptado a los errores que ya han alimentado a los medios y las redes sociales en las últimas semanas.
Más aun ese efecto puede ser fuerte para un candidato con historia como es Andrés Manuel López Obrador, quien prácticamente arranca su precampaña hablando del pasado, pues algunos de los principales cuestionamientos de la prensa van precisamente a llevarlo a hablar de lo que fue el proceso del 2006. Parece entonces bastante peligroso el que estos dos candidatos sobreexploten su presencia pública en una campaña larga de dos periodos, pues será este que ha arrancado ya, y el que vendrá luego de la pausa en el segundo mes del año entrante en el que ya tendremos que ver definido al tercer contendiente.
Con esta reflexión lo que queremos decir es que no necesariamente los escenarios más previsibles implican que se esté exento de sorpresas, que justamente de lo más esperado se pueden tener resultados sorprendentes y que, como lo demuestra la historia electoral no sólo de nuestro país, sino de todo el mundo; en política no hay nada escrito. Los absolutos o afirmaciones determinantes quedan fuera del hecho político compuesto de la mayor complejidad de variables, quizá tendríamos que dejar en reserva lo que podrá depararnos el futuro electoral del año entrante hasta no observar la forma en que se desarrolla este primer periodo de exposición pública formal de los aspirantes a la sucesión presidencial.
No podemos desestimar el hecho de que los acuerdos políticos han sido la base del escenario que vemos en este momento, que quien se quede con la idea de que la decisión que llevó a Marcelo Ebrard a dejarle el camino libre a su correligionario Andrés Manuel López Obrador ha estado simplemente basada en los resultados de una encuesta, es porque no conoce ni someramente la forma en cómo opera la clase política. De igual forma, quien interprete la unidad priísta, aparentemente infranqueable, como una manifestación de la monolítica popularidad de su abanderado, estará pecando de inocente.
Así también, la indefinición panista tiene muchas más aristas que las que se han hecho evidentes. La complejidad política merece siempre una segunda lectura. Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es elfuegovioleta@gmail.com para sus comentarios. Gracias.