Con el 12 de diciembre, el festejo a la Virgen de Guadalupe, se abre de manera digamos oficial el festejo navideño en nuestro país; para nuestra frontera, llega una temporada de celebraciones en la que muchos salen de la ciudad para volver a sus lugares de origen y se crea la sensación generalizada de que estamos viviendo una pausa, y que todo reanudará su curso normal hasta enero. La idea de que se trata de un tiempo de celebración, pero también de análisis y reflexión, pues cuando se hace una pausa en los trayectos, es posible mirar de dónde se viene y a dónde se va. Nuestra ciudad ha vivido nuevamente un año sumamente complejo, marcado nuevamente por las dos grandes crisis que hemos vivido en los últimos años, la de la economía y la de la seguridad.
Parece cansado que volvamos a hablar del tema, como cuando concluimos el año y por estas temporadas volvemos a poner sobre la mesa aquellos compromisos que hicimos el año anterior, o quizá ya durante años los vengamos haciendo, y que no terminamos por darles cabal cumplimiento. Incluso no sólo para nuestros adentros, sino con los demás, sintamos en determinado momento reticencia a hablar de esas reflexiones internas: si nos prometimos ahora sí acabar con esos malos hábitos, o finalmente llevar una vida más saludable, trabajar menos o más, estar con la familia más tiempo, disfrutar más y enojarnos menos; parece que cada año caemos en lo mismo y quizá ya no valga la pena seguírnoslo proponiendo.
La voluntad se cansa de luchar contra las fuerzas que no hemos podido vencer. Los juarenses llevamos los últimos años entrampados entre las puntas afiladas de esas dos situaciones críticas; y aunque ambas estén extendidas por todo el territorio nacional, eso no atenúa los efectos graves, a pie de calle, que vivimos día a día. El aparente consuelo de que la violencia esté lo mismo en Veracruz que en Monterrey; que la crisis económica y el desempleo estén también en la capital del país o hasta la frontera sur; no sirve de nada cuando lo que tenemos más cerca son nuestras propias necesidades que apremian.
Los últimos años, por estas épocas, hemos hecho un llamado justamente a la reflexión; pero ahora, a la distancia y con la acumulación que tenemos ya de las mismas problemáticas, cabe plantearnos si sirve de algo la reflexión, si esta pausa debe ser un ejercicio de cierre de agenda, un tiempo de calma, o eso no nos ha servido en los años previos y lo que necesitamos justamente es lo contrario. Tal parece que hemos llegado a generar los malos hábitos de la resistencia, que nuestra sociedad se ha acostumbrado a vivir en condiciones que están fuera del esquema de normalidad de un Estado de Derecho, que nos hemos acostumbrado a tener una realidad en la que no se nos respeta ni se nos garantiza lo mínimo que debe proveer un Estado a través de sus gobiernos.
¿Es entonces tiempo de la acción y ya no de la reflexión? Está tan claro ya cuál es el problema, que lo que se necesita no es pensar más en ello sino encontrar soluciones, proponer, analizar, sí, pero propuestas concretas que nos pongan a la mano las herramientas para solucionar nuestros problemas. Pero para llegar a ello tenemos primero que entender que existe esa problemática, que no es normal lo que vivimos, tenemos que admitir que existe de facto en esta ciudad, como en muchos otros puntos del país, un estado de excepción que permite que se vulneren nuestras garantías individuales, que nos mantienen en un completo estado de indefensión; y nos referimos a ambos temas, tanto en lo económico, como en el tema de violencia e inseguridad, el lugar en el que nos encontramos es prácticamente el mismo.
Y esta es la reflexión que yo hago en este principio de temporada de fin de año, que tenemos que tener claro que la vida como la venimos viviendo a diario en los últimos años no es normal, no tenemos por qué resignarnos como sociedad a continuar en este tren de acontecimientos que parece no conducirnos a ningún lado. Pero esta reflexión la pienso no sólo como un ejercicio de resistencia pasiva, sino como el disparador para que encontremos juntos acciones a realizar, un sentido, un nuevo proyecto, una propuesta verdadera que nos permita pensar en transformación. Termina el año, termina y el recuento de agravios es el mismo, aunque ya estemos acostumbrados a oírlo, el número de muertos no está dentro de los márgenes de normalidad, como tampoco lo están los índices de desempleo, subempleo y pobreza.
La tarea de este tiempo, de este momento de pausa no es entonces seguir dándole vueltas a las mismas cosas, sino crear un plan de acción, una propuesta, porque el año que empieza es justamente el fin del ciclo de este gobierno que nos hereda la tragedia de la lucha contra el narcotráfico, que nos deja las agendas llenas de temas que parecen al menos ahora, entrampados en callejones sin salida, sin vía de solución. Entonces vuelvo al inicio de este tema, de manera muy simbólica, nuestra temporada navideña comienza con una celebración de fe, más allá de lo religioso, el 12 de diciembre simboliza la capacidad de creer que tenemos como sociedad. Aquí en Juárez ya tiene varios días que salieron las peregrinaciones, y el lunes se elevarán los rezos a la Virgen que simbolizan esa fe. Encontremos entonces la forma de tener fe, de creer, pero no en milagros, sino en propuestas y proyectos que sean capaces de pasar de la reflexión a la acción, que es hoy más que nunca, lo que necesitamos. Soy Edna Lorena Fuerte y mi correo es elfuegovioleta@gmail.com para sus comentarios. Gracias.